22 septiembre 2008

El primer médico toba graduado en Cuba


Resistencia, Chaco. “Este título me enseña que todo llega para el que sabe aguantar y esperar”, afirma Julio Argentino González, quien aprendió las primeras letras debajo de un algarrobo y hoy es médico recibido en la Escuela Latinoamericana de Medicina de Cuba. El diario Norte le realizó un reportaje que se reproduce a continuación.

“El indio debe decirle no a la ignorancia”, dijo González. “Antes perdimos contra los blancos porque teníamos como única arma la flecha. Hoy, si seguimos teniendo como única arma la ignorancia, vamos a seguir siendo perdedores”. Observa que desde el punto de vista social el Chaco tiene todavía muchas heridas abiertas, cuyo cierre es responsabilidad del gobierno, en gran medida. “¿Dónde coloca un médico la venda? Donde están las heridas. ¿Dónde debe colocar el gobierno sus vendas? Donde están las heridas abiertas”, consigna.

¿Cuál es el recuerdo imborrable que usted tiene de su infancia, en el barrio Mapic?

—El recuerdo imborrable que tengo de mi niñez es un árbol de algarrobo que había allí. Siento dolor porque ya no está. Lo arrancaron. La historia de ese árbol era también mi historia, la historia del barrio, la historia de muchos, de quienes nacimos y crecimos en ese lugar. No fue casual que el barrio mismo tomara de ese árbol su nombre. Mapic, en toba, significa algarrobo. Le quiero rendir mi homenaje a ese algarrobo, que ya no está porque tal vez necesitaban hacer una casa en su lugar.

 

—¿Por qué tenía tanto valor ese algarrobo para su comunidad?

—El barrio Mapic, ubicado entre las rutas 16 y 11, en Resistencia, se formó con familias que migraron desde Pampa del Indio, Las Palmas, La Leonesa y otros lugares del interior. Se pusieron de acuerdo y se juntaron en ese sitio. Cuando nací, el 9 de julio de 1978, razón por la que me pusieron Julio Argentino de nombre, no vivían más de quince familias en ese asentamiento. No había nada de nada. Nuestro ‘salón social’ era ese algarrobo. Allí se hacían las reuniones y se tomaban las decisiones importantes. Ese árbol era el cabildo de la comunidad. Cuando no existía la iglesia evangélica, las reuniones de ese culto se hacían a la sombra de ese árbol. Como tampoco teníamos escuela, pidieron un maestro que viniera a enseñarnos. Las clases, obviamente, se daban debajo de ese algarrobo. Así que ese algarrobo fue mi primera escuela. Nunca me olvidé de ese algarrobo, de ese ‘mapic’ debajo del cual un maestro me enseñó las primeras letras.

 

¿Cómo sigue la historia de su evolución escolar?

—En determinado momento, los evangelistas construyen un local y vamos todos allí, para las clases. Como el número de alumnos aumentaba y éramos de diferentes grados se hicieron más aulas, con chapa y cartón. Un día vino una tormenta que se llevó todas las chapas y durante un tiempo nuestra escuela fue una choza de barro y paja. Cuando yo llegaba al final de mi ciclo primario empezó a construirse la actual escuela 983 Cacique Moreno.

 

Así como guarda buenos recuerdos de aquel algarrobo, ¿de qué maestra guarda igual recuerdo, un grato recuerdo?

—Especialmente de la señorita Rosario Bentolila.

 

Nunca repitió de año en el nivel secundario, tampoco se atrasó en su instrucción universitaria, en Cuba, pero sí repitió grados en la escuela primaria. ¿Por qué esa especie de fracaso en la primaria?

—Eramos muchos en casa y tenía que ayudar a mi padre a mantener la familia de la manera que mejor sabe hacerlo el indio: cosechando. Íbamos de cosecha en Pampa del Indio, Basail y otros lugares. Después mi padre, Leonardo González, puso una ladrillería y yo a trabajar con él. Cuando las cosas no andaban bien iba a estibar cueros de vaca en un gran galpón que había sobre la ruta 11. Incluso llegué a trabajar de peón durante la construcción de la actual escuela 983 Cacique Moreno. En el libro histórico del establecimiento hay una foto donde se me ve con una bolsa de cemento al hombro. Por todas estas cosas se me hacía muy difícil estudiar, y por eso repetí algunos grados. No me avergüenza reconocer, porque tuve mis motivos, que terminé la escuela primaria a duras penas y a los golpes.

 

Con tales golpes encima, ¿cómo se animó a seguir estudiando, una vez terminada su instrucción primaria?

—Dicen que la curiosidad es la madre de todas las ciencias. Lo que me motivó fue la curiosidad de saber cómo era por dentro una escuela secundaria. Escuchaba a chicos mayores que yo, estudiantes secundarios, hablar de lo difícil que era. Algunos hasta decían que era doloroso. Pero yo tenía un hermano que iba al colegio Lorenzo Winter de Villa Elba, y le iba bien. Me dije: ‘Si mi hermano puede, ¿por qué yo no? También voy a poder’. Pude, porque jamás supe lo que es repetir un curso. Hice mis estudios secundarios en la Escuela 40 Explorador Ramón Lista, de Villa Río Negro. Quedaba a unos cinco kilómetros de distancia, de modo que todos los días hacía unos diez kilómetros para estudiar. La mayoría de las veces iba a pie; cuando conseguía bicicleta, en bicicleta; cuando llovía, en colectivo. Felizmente, en 1997 recibí mi ansiado título secundario.

 

El ex director del Cifma, de Sáenz Peña, profesor Germán Bournissén, recordó que usted fue alumno de esa institución. ¿Cómo se dio su incorporación, como estudiante, de ese establecimiento?

—Con el título secundario en la mano, me dije: ‘En la escuela me enseñaron operaciones matemáticas que jamás aplicaré, me inculcaron los versos en latín de Virgilio y hasta el régimen de lluvia del río Nilo, el cual no sé a quién le importa. Ahora me voy a dedicar a algo que considero verdaderamente importante: aprender la cultura de mi pueblo’. Así que fui a Sáenz Peña y me inscribí en el Centro de Investigación y Formación de Maestros Bilingües. Durante tres años, hasta el año 2000, estudié allí. Fue cuando estuve a punto de graduarme que me llegó el ofrecimiento, a través del director Germán Bournissén, de una beca a Cuba. Tenía, ante mí, la gran posibilidad de estudiar Medicina en La Habana.

 

¿Qué significó para usted la noticia del ofrecimiento de una beca?

—Motivó en mí una suerte de revolución emocional. Para entonces ya estaba casado, y con un bebé en camino. Irme significaba separarme de mi esposa durante varios años y ver a mi hijo, o hija, vaya uno a saber cuándo. Era una decisión tremendamente difícil la que debía tomar. Después de mucho meditar y de hablar con mi esposa, decidimos que por una oportunidad histórica como ésa valía la pena sacrificar unos años. Escribí a la Casa de Solidaridad Resistencia-Cuba para comunicarles que aceptaba la beca. Así fue como un día del año 2000 llegué a La Habana con mis sueños de médico. Cuando me di cuenta ya estaba instalado, como pupilo, en la Escuela Latinoamericana de Medicina, con mi uniforme y mis libros provistos por el gobierno cubano.

 

—¿Contra qué debió luchar Julio Argentino González, en Cuba?

—Los cubanos me hicieron sentir como en su casa, el gobierno no me molestaba para nada, mis compañeros no me discriminaban por ser indio y al estudio lo tenía controlado. Mi principal enemigo era extrañar horrores mi tierra, mi gente, mi esposa y mi hija, a quien conocí recién cuando estaba en segundo año. Sufría horrores y algunas veces quise abandonar todo. Pero abandonar hubiese sido traicionar la confianza de los que creyeron en mí y, sobre todo, traicionarme a mí mismo. De los cinco mil estudiantes que tenía la Universidad, centenares eran africanos o latinoamericanos. Ellos también estaban lejos de casa, como yo. Y aguantaban. ¿Por qué yo iba a abandonar? Seguí adelante, hasta que recientemente, como se dice, vi la luz al final del túnel. Me recibí de médico. Este título me enseña que todo llega para el que sabe aguantar y esperar.

 

¿Y ahora?

—Me dieron, como es práctica, diez ramas de la medicina, de las cuales tengo que elegir una para especializarme. Pero antes de emprender esta carrera final de especialización debo hacer una pasantía previa, como médico general integral, durante un año y seis meses. Así que ahora regreso a Cuba para esa pasantía de un año y medio. Tendré en la provincia de Cienfuegos mi consultorio, me asignarán una cantidad determinada de familias que atender y me darán una buena provisión de medicamentos. En Cuba la salud, como la educación, está bien, no la economía, por el bloqueo norteamericano, un bloqueo realmente inhumano.

 

¿Y después?

—Transcurrido ese año y seis meses de práctica seguiré la especialización. Ya me he decidido por una de estas tres especialidades: Medicina Interna, Ortopedia o Epidemiología. Llegado el momento elegiré una de ellas. La especialización dura tres años. De modo que entre la práctica y el curso final de especialización, todavía me quedan unos cinco años de permanencia en Cuba.

 

¿Y finalmente?

—Escucho, entre mis compañeros estudiantes, que algunos ya están planeando ir a ejercer en países del Primer Mundo, como Canadá, Francia y Estados Unidos, para ganar mucha plata. Yo quiero ejercer mi profesión aquí, en el Chaco. En esta provincia, en materia sanitaria, todavía quedan muchas heridas por cerrar. Aunque cerrar heridas como la desnutrición y la tuberculosis no es responsabilidad del médico sino de otros actores de la sociedad, comenzando por el gobierno. Estoy de acuerdo con aquel médico que dijo que la tuberculosis no se cura con medicamentos, se cura con trabajo. ¿Qué puede hacer el médico sino actuar sobre un hecho ya declarado? El que tiene que dar trabajo, salud y educación es el gobierno, porque para eso el pueblo le da dinero, a través de sus impuestos. ¿Dónde coloca un médico la venda? Donde está la herida. ¿Dónde debe colocar el gobierno sus vendas? Donde están las heridas abiertas. 

Textos de Vidal Mario • Foto de Marcelo Cáceres

Fuente: Diario Norte


1 Comments:

Blogger Letizia Balzi said...

Hola, mi nombre es Leticia, me gustaría ponerme en contacto con Julio y otros médicos que estén trabajando en el Chaco para saber de qué manera se puede ayudar ya que he leído que no siempre la ayuda es la adecuada en una nota periodística, lo cual comparto. Si están actuando en el campo de la salud, en el centro o de la manera que sea les agradeceré contactarse para saber cómo puedo ayudar. Soy creativa publicitaria y artista plástica, mi mail es leticiabalzi@gmail.com
un beso

6:30 a. m.  

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